Mi historia
Antes de acompañar a nadie, aprendí a florecer de nuevo
Nací en Cuba, en una familia humilde donde entendí que la verdadera riqueza está en el amor y en la unión.
Mi primer refugio fue la ciencia: me formé en medicina y, más tarde, en enfermería en Estados Unidos.
Creía que un título era el único escudo contra el dolor.
La vida me enseñó otra cosa. La hipersensibilidad de mi hija no tenía respuestas en lo que yo conocía,
y esa búsqueda me llevó a lo más profundo: las constelaciones familiares y los registros akáshicos.
Ella empezó a florecer. Y cuando un accidente se llevó a mi esposo, en medio del dolor más grande,
comprendí que todo lo vivido no era en vano.
Así nació Raíz del Alma: un espacio hecho de cicatrices convertidas en luz. No colecciono
diplomas, colecciono cicatrices. Por eso reconozco las tuyas: conozco las mías. Si buscas a alguien que te
prometa que todo va a estar bien, sigue buscando. Yo te acompaño a mirarlo de verdad, y a sostenerlo contigo.
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